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Hoy una preciosa casa rural en Lérida. Ayer, el sueño de la pequeña Montse Cardona

“En la planta baja, pondré una cocina enorme para que todos mis invitados puedan sentarse alrededor de una mesa larga de madera frente a la hoguera…

Arriba, las habitaciones.

Todas con vistas a la masía principal y al verde que se extiende por detrás de esta...

Y en la parte de atrás del pajar, una piscina... para que los niños jueguen y disfruten de los días de sol...”

Así pasaba el rato de pequeña.

Imaginando.

Reformando el pajar de nuestra casa rural en mi mente.

Visualizándolo repleto de huéspedes felices.

Huéspedes del resto de la península...

De los países nórdicos...

De los Estados Unidos...

¡E incluso de Japón!

Y es que siempre me ha encantado conocer gente de otros puntos del planeta.

A mis padres también.

A pesar de estar estrechamente vinculados a su tierra, les fascinaba el mundo exterior.

Pero el cuidado de nuestra granja no nos permitió viajar tanto como a nosotros nos hubiese gustado.

Hasta que un día, hace siete años, me dije a mí misma: si tú no puedes ir, ¡invítales a tu casa rural!

Había llegado el momento de convertir todos aquellos sueños de mi infancia en realidad.

 

Y así nace Marcús Casa Rural

Sí, has hecho los cálculos bien.

Nos encontrábamos en plena crisis.

¿Nos detuvieron los problemas financieros por los que pasaba el país?

Para nada.

Somos gente positiva.

Sabíamos que entre todos saldríamos de esta.

Que volveríamos a tener ganas de disfrutar de los espacios verdes, de correr por los campos, pasear por la montaña, reír en familia y entre amigos...

En nueve meses, habíamos restaurado la masía donde yo había crecido.

La abríamos al público un primer fin de semana de junio.

El proceso de restauración fue una verdadera locura, pero valió la pena.

La emoción que sentimos aquel primer día fue indescriptible. 

Mi marido, Manel, y mis dos hijos, Marc i Aran, y yo ¡no podíamos contener la emoción! 

Poder compartir nuestros espacios...

Poder enseñar a huéspedes de otras regiones y países nuestro estilo de vida...

Nuestras tradiciones...

Nuestra comida...

Nuestros valores...

Nuestra tierra...

Era como si todo tuviese sentido de repente.

 

Cuando el turismo rural se convierte en tu vida

Estoy convencida de que he nacido para gestionar una casa rural en Lérida.

Pero, hay algo en concreto que me fascina de mi trabajo.

La primera es poder contar nuestras historias, ¡y ver el interés en los ojos de nuestros huéspedes!

Justo, ahí donde te sientas, pasaba yo horas jugando con las balas de paja.

Y aquel era el lugar preferido de las perras para dar a luz a sus cachorros.

Y aquí, en la entrada al comedor, era donde aparcábamos el remolque y descargábamos las balas.

Les fascinan los pequeños detalles de la vida rural.

Y a mí me encanta compartirlos y conocerlos mejor.

Conocer sus historias.

¡Lo que no me gusta nada es verlos marchar!

Me queda el consuelo de que todos parten felices y con ganas de volver.

Todos comentan lo bien que se han sentido “desconectando” del mundo exterior.

Lo entrañable que ha sido para ellos poder sentirse como en familia.

Y lo revigorizados que se sienten para continuar con sus vidas.

Como te puedes imaginar, para mí su felicidad es una fuente de satisfacción infinita.

Y a veces, aún hoy, me siento frente al antiguo pajar.

En el mismo lugar donde solía hacerlo de pequeña, admirando nuestra casa rural.

15 de noviembre de 2018